Todos tenemos días en los que todo sale del revés y hoy me ha tocado vivir uno de esos días. Empezó la cosa muy bien yendo a desayunar con un buen amigo a un lugar nuevo fantástico, donde nos han atendido de forma formidable.
El tiempo auguraba una buena jornada pero poco a poco se fue truncando. Mi día a día se va complicando un poco más y malas noticias de un futuro prometedor no se hicieron esperar. Todo podría haber cambiado después del verano pero alguien creyó que no sería lo adecuado para mi y me ha vuelto a cerrar la puerta en las narices.
Esta vez no me siento tan mal como las veces anteriores, no. En otras ocasiones he pensado que no valgo lo suficiente, que no estoy preparado, que no es mi sitio,... Pero no es el caso. Sé que valgo, pongo mucho empeño en todo aquello que me propongo y solamente necesito mostrar al resto que tengo confianza en mi mismo para que puedan confiar en mi.
Por suerte no he tenido mucho tiempo libre para darle vueltas a la cabeza y el poco que he tenido es para modificar mi estrategia de cara a los próximos retos. Mis horizontes están altos y las ganas no me faltan, llegarán nuevos retos a los que tendré que afrentarme y del que, como éste, aprenderé mucho por el camino. Sé que tengo mucho que aportar y solamente me falta la pizca de suerte para cruzarme en el camino con la persona adecuada.
Mientras tanto, no me queda otra que seguir con la lanza en la mano y seguir allanando mi camino.
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