Este año ha sido uno de los que menos he celebrado Sant Jordi: no he paseado, no he querido ver rosas mayoritariamente rojas por la calle. Recuerdo como si fuese ayer el año que celebré Sant Jordi por todo lo alto y con mucha impaciencia, por fin podía regalar una rosa con todas sus letras! Decidí hacer algo original y regalar una rosa de caramelo, que es más duradera. En mi mente se sucedía la imagen de las otras rosas marchitándose mientras "el caramelo" seguiría intacto, con el mismo color rojo vivo y su tallo verde.
Desgraciadamente y a pesar de ser químico, no contemplé que el calor hace estragos (sin contar la terrible humedad de la ciudad) y el caramelo se volvió una pasta abstracta con pinceladas de varios colores. Eso sí, parecía duro como una piedra pero iba adquiriendo un aspecto terrible. Poco tardé en descubrir que esa rosa estaba condenada al fracaso. Su dulce aroma se tornó agrio y al intentar arreglarlo, únicamente empeoró.
Lo mejor hubiera sido fundirlo de nuevo o simplemente lanzarlo a la papelera y buscar otro símbolo de ese día tan especial pero me empeñé en devolverle la vida a ese ser inanimado, sin ningún éxito por supuesto.
Aprendí una valiosa lección que no creo que olvide fácilmente: las cosas que a simple vista parecen duraderas suelen ser frágiles por dentro. Su esencia carcome el precioso envoltorio para destruir todo a su paso. En nuestras manos está el poder colocarle un envoltorio adecuado o depositarlo donde corresponda, en el más profundo de los pozos a muchos kilómetros de distancia.

Como todas las realidades, cierto, y duro.
ResponderEliminarAsí mismo has plasmado la tristeza, con una belleza especial, sigue escribiendo....no te dejes
nada en el tintero de tu corazón.
Montse