Lucía se despertó sobresaltada en mitad de la noche. Mientras su corazón volvía a su sitio y su mirada alcanzaba a divisar la lámpara que colgaba del techo, miró a su izquierda y vio lo que llevaba viendo todas las noches de los últimos dos meses: una almohada sin ninguna arruga.
Parecía que fuese ayer cuando Javier yacía aún junto a ella, su harmónica respiración somnolienta la tranquilizaba. Volvieron a su mente una gran cantidad de recuerdos, como si de un pase de fotografías se tratase: las últimas vacaciones, su sonrisa a la luz ténue de las velas de su restaurante favorito,... hasta que llegó el turno de la diapositiva de su última discusión. Todavía hoy le parece increíble que por culpa de un maldito error aprovecharan para sacar toda la mierda que llevaban dentro, y eso que en más de una ocasión se habían propuesto ir hablando las cosas poco a poco, con calma.
Por desgracia, de las palabras a los hechos hay un gran abismo y ambos pecaban una y otra vez. Como muchas otras parejas, se odiaban y se amaban con locura, no parecía posible que tan pronto tuvieran que despedirse el uno del otro... La discusión se acaloró de forma alarmante hasta que un portazo puso punto y final a lo sucedido. Un motor arrancó a toda velocidad y se hizo el silencio nuevamente. Lucía salió a la puerta y no alcanzó a visualizar hacia qué dirección había ido la motocicleta de gran cilindrada. Angustiada y sin saber qué hacer o donde meterse, Lucía daba vueltas por la casa sin rumbo alguno, llamando una y otra vez al móvil de Javier, el cual permanecía apagado.
De pronto su corazón le dio un vuelco. Algo había pasado. A los pocos minutos llamaron al teléfono de casa y sus peores presagios se hicieron realidad, Javier tuvo un accidente y murió en el acto. Recordar esos momentos hicieron notar los cristales que aun permanecían anclados a su corazón. Tras aliviar levemente su malestar, Lucía se levantó sin saber bien por qué. Perdió su empleo y su vida no iba más allá de las paredes de su casa, excepto para lo imprescindible.
Apenas mantenía contacto con sus antiguas amistades y su familia vivía muy lejos, de hecho ni se atrevió a contarles todo lo sucedido. Una vez en el lavabo, abrió la caja de las pastillas azules y se tomó unas cuantas, gracias a ellas podría retomar su sueño y vivir en la inopia por unas cuantas horas. Cuando los efectos se dejaron notar, Lucía volvió a su habitación y se tumbó en la cama, pero ahora sonreía. Javier había vuelto y la esperaba con los brazos abiertos. Acarició su cara en su velludo pecho y le suplicaba que no la volviera a dejar sola y esta vez Javier le contestó: "esta vez no te dejaré sola, he venido a buscarte porque no puedo vivir sin ti".
Lucía lloraba de alegría, por fin vino su caballero a rescatarla y como tal, Javier cumplió lo que le prometió hacía más de diez años: no dejarla sola jamás.
Como me dijo una vez el amor de mi vida:
ResponderEliminar...Desprotegida ni lo estás ni lo estarás mientras yo siga vivo...
A Lucía le diría que sea feliz con Javier allá dónde estén los dos, en paz descansen amores pasados y bienvenidos sean amores futuros.
TT