En las últimas semanas me he visto rodeado de mucho "movimiento" en lo que a amistades se refiere. He vivido encontronazos, algunas disputas, incoherencias y en algunos casos falta de comunicación. Todo ello ha generado situaciones a veces tensas, otras veces incómodas.
La falta de comunicación la he vivido muy de cerca: mi mejor amigo organiza planes para que hagamos cosas juntos y muchas veces el silencio es la respuesta. El caso omiso se está convirtiendo en una larga enfermedad de la cual espero que encontremos cura.
Estas semanas hemos vivido también incorporaciones. Me encanta conocer gente nueva pero las cosas requieren su tiempo. Ya de per sé soy una persona bastante desconfiada y no suelo sorprenderme cuando me la juegan, así que la confianza se la gana a pulso el que tiene ganas de conseguirla. Debo decir también que yo hago lo mismo, me encanta ganarme la confianza de las personas que me rodean! Lo que no me gustan en absoluto son las apariciones estelares que solamente nos visitan en "prime time" y que nos utilizan para que sus "cadenas" ganen audiencia. Lo siento pero la época de monos de feria ya la pasé.
Una de las cosas que más me ha preocupado estos días es la libertad que se toman las personas para expresar lo que creen que opinamos de los demás. Jamás en los años que tengo me han tachado ni de mentiroso ni de hipócrita, básicamente porque mi cara es el espejo del alma y no sé mentir. La gente que es más cercana a mi sabe que muevo cielo y tierra por ellos, que soy una persona muy entregada y que siempre intento hacer que su vida sea lo más llevadera y feliz posible. A veces me cuesta más, pero es muy gratificante hacer cosas que hacen sentir bien a los demás.
Todos estos movimientos que he vivido, observado últimamente han dado lugar a que quiera establecer una serie de premisas que me gustaría comentar y que las titulo "no es mi problema".
No es mi problema que:
- Confundas falsedad con cortesía
- Atiendas antes a lo que te dicen por ahí de mi que a lo que digo yo
- Tu ética te impida ser leal pero que esperes eso de los demás
- Aquellas personas a las que rápidamente subes en el pedestal, caigan a la velocidad de la luz
- ...
Es un orgullo y me hace sentir muy feliz pensar en cómo soy y cómo es la gente que me rodea.
Bienvenidos al rincón de Cris! En él compartiremos experiencias, vivencias, sentimientos y sobre todo muchas risas. Pasa, te invito a un café
viernes, 27 de abril de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
Lucía
Lucía se despertó sobresaltada en mitad de la noche. Mientras su corazón volvía a su sitio y su mirada alcanzaba a divisar la lámpara que colgaba del techo, miró a su izquierda y vio lo que llevaba viendo todas las noches de los últimos dos meses: una almohada sin ninguna arruga.
Parecía que fuese ayer cuando Javier yacía aún junto a ella, su harmónica respiración somnolienta la tranquilizaba. Volvieron a su mente una gran cantidad de recuerdos, como si de un pase de fotografías se tratase: las últimas vacaciones, su sonrisa a la luz ténue de las velas de su restaurante favorito,... hasta que llegó el turno de la diapositiva de su última discusión. Todavía hoy le parece increíble que por culpa de un maldito error aprovecharan para sacar toda la mierda que llevaban dentro, y eso que en más de una ocasión se habían propuesto ir hablando las cosas poco a poco, con calma.
Por desgracia, de las palabras a los hechos hay un gran abismo y ambos pecaban una y otra vez. Como muchas otras parejas, se odiaban y se amaban con locura, no parecía posible que tan pronto tuvieran que despedirse el uno del otro... La discusión se acaloró de forma alarmante hasta que un portazo puso punto y final a lo sucedido. Un motor arrancó a toda velocidad y se hizo el silencio nuevamente. Lucía salió a la puerta y no alcanzó a visualizar hacia qué dirección había ido la motocicleta de gran cilindrada. Angustiada y sin saber qué hacer o donde meterse, Lucía daba vueltas por la casa sin rumbo alguno, llamando una y otra vez al móvil de Javier, el cual permanecía apagado.
De pronto su corazón le dio un vuelco. Algo había pasado. A los pocos minutos llamaron al teléfono de casa y sus peores presagios se hicieron realidad, Javier tuvo un accidente y murió en el acto. Recordar esos momentos hicieron notar los cristales que aun permanecían anclados a su corazón. Tras aliviar levemente su malestar, Lucía se levantó sin saber bien por qué. Perdió su empleo y su vida no iba más allá de las paredes de su casa, excepto para lo imprescindible.
Apenas mantenía contacto con sus antiguas amistades y su familia vivía muy lejos, de hecho ni se atrevió a contarles todo lo sucedido. Una vez en el lavabo, abrió la caja de las pastillas azules y se tomó unas cuantas, gracias a ellas podría retomar su sueño y vivir en la inopia por unas cuantas horas. Cuando los efectos se dejaron notar, Lucía volvió a su habitación y se tumbó en la cama, pero ahora sonreía. Javier había vuelto y la esperaba con los brazos abiertos. Acarició su cara en su velludo pecho y le suplicaba que no la volviera a dejar sola y esta vez Javier le contestó: "esta vez no te dejaré sola, he venido a buscarte porque no puedo vivir sin ti".
Lucía lloraba de alegría, por fin vino su caballero a rescatarla y como tal, Javier cumplió lo que le prometió hacía más de diez años: no dejarla sola jamás.
Parecía que fuese ayer cuando Javier yacía aún junto a ella, su harmónica respiración somnolienta la tranquilizaba. Volvieron a su mente una gran cantidad de recuerdos, como si de un pase de fotografías se tratase: las últimas vacaciones, su sonrisa a la luz ténue de las velas de su restaurante favorito,... hasta que llegó el turno de la diapositiva de su última discusión. Todavía hoy le parece increíble que por culpa de un maldito error aprovecharan para sacar toda la mierda que llevaban dentro, y eso que en más de una ocasión se habían propuesto ir hablando las cosas poco a poco, con calma.
Por desgracia, de las palabras a los hechos hay un gran abismo y ambos pecaban una y otra vez. Como muchas otras parejas, se odiaban y se amaban con locura, no parecía posible que tan pronto tuvieran que despedirse el uno del otro... La discusión se acaloró de forma alarmante hasta que un portazo puso punto y final a lo sucedido. Un motor arrancó a toda velocidad y se hizo el silencio nuevamente. Lucía salió a la puerta y no alcanzó a visualizar hacia qué dirección había ido la motocicleta de gran cilindrada. Angustiada y sin saber qué hacer o donde meterse, Lucía daba vueltas por la casa sin rumbo alguno, llamando una y otra vez al móvil de Javier, el cual permanecía apagado.
De pronto su corazón le dio un vuelco. Algo había pasado. A los pocos minutos llamaron al teléfono de casa y sus peores presagios se hicieron realidad, Javier tuvo un accidente y murió en el acto. Recordar esos momentos hicieron notar los cristales que aun permanecían anclados a su corazón. Tras aliviar levemente su malestar, Lucía se levantó sin saber bien por qué. Perdió su empleo y su vida no iba más allá de las paredes de su casa, excepto para lo imprescindible.
Apenas mantenía contacto con sus antiguas amistades y su familia vivía muy lejos, de hecho ni se atrevió a contarles todo lo sucedido. Una vez en el lavabo, abrió la caja de las pastillas azules y se tomó unas cuantas, gracias a ellas podría retomar su sueño y vivir en la inopia por unas cuantas horas. Cuando los efectos se dejaron notar, Lucía volvió a su habitación y se tumbó en la cama, pero ahora sonreía. Javier había vuelto y la esperaba con los brazos abiertos. Acarició su cara en su velludo pecho y le suplicaba que no la volviera a dejar sola y esta vez Javier le contestó: "esta vez no te dejaré sola, he venido a buscarte porque no puedo vivir sin ti".
Lucía lloraba de alegría, por fin vino su caballero a rescatarla y como tal, Javier cumplió lo que le prometió hacía más de diez años: no dejarla sola jamás.
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